¡Feliz día del niño!
¿Qué pasaría si no expreso mis emociones?
El acto de expresar nuestras emociones no solo es positivo porque hace más fácil que los demás nos den la ayuda que necesitamos en los momentos en los que somos más vulnerables.
Además, es una excelente herramienta de autoconocimiento y de prevención de trastornos tanto psicológicos como físicos. Veamos por qué.
La relación de las emociones con las enfermedades
En primer lugar, veamos en qué consiste la relación entre la faceta emocional del ser humano y su predisposición a desarrollar enfermedades. A muchas personas les sorprende saber que existe esta conexión entre lo físico y lo psicológico, pero si lo pensamos bien, lo raro sería que las emociones y la salud física estuviesen separadas.
Y es que tras varios siglos de investigaciones científicas y desarrollo filosófico, decir que la mente y el cuerpo no son dos elementos independientes el uno del otro resulta de todo menos revolucionario. Los procesos mentales (y entre ellos, los emocionales) no existirían si no tuviesen como base biológica el organismo en el que tienen lugar: un sistema nervioso, un conjunto de hormonas en circulación, estímulos captados por los sentidos, etc.
Ahora bien… ¿Qué sabemos acerca del modo en el que las emociones influyen en la aparición o no aparición de enfermedades? Por ejemplo, hoy en día sabemos que el hecho de experimentar niveles altos de ansiedad de manera sostenida debilita el sistema inmune, lo cual puede desencadenar muchas alteraciones de la salud, como por ejemplo las infecciones. A su vez, existen evidencias de que una de las causas de la depresión consisten en procesos inflamatorios cuya influencia llega al cerebro, de manera que incluso tenemos un ejemplo de cómo se cierra el círculo emoción-enfermedad-emoción.
Del mismo modo, ciertas emociones y sentimientos también nos predisponen a adoptar patrones de comportamiento que nos exponen a las enfermedades: por ejemplo, el aburrimiento nos hace más proclives a no seguir recomendaciones sanitarias y a recurrir a la violencia, y la ira mal regulada aumenta significativamente las probabilidades de sufrir lesiones.
Por otro lado, alteraciones de tipo emocional ligadas a una baja autoestima y/o a la ansiedad pueden dar lugar a importantes lesiones o incluso a un estilo de vida que ponga en peligro la propia vida. El ejemplo más claro de esto lo encontramos en los trastornos de la conducta alimentaria como la anorexia o la bulimia, y en menor medida, en trastornos como la tricotilomanía o la onicofagia.
Pero incluso allí donde no hay trastornos psicológicos diagnosticables la ansiedad puede facilitar la aparición de problemas de salud. Por ejemplo, un exceso de estrés se plasma en el ritmo de envejecimiento de la piel y en la predisposición a que surjan enfermedades dermatológicas, así como en el hecho de sufrir problemas gastrointestinales de manera frecuente (no hay que olvidar que los intestinos albergan una importante red neuronal y de receptores hormonales, muy sensibles a lo que ocurre en el cerebro).
Por qué es necesario expresar las emociones
¿Hay algo que podamos hacer para prevenir problemas de salud a través de una mejor gestión de nuestras emociones? Desde luego que sí; por ejemplo, contar con apoyo psicoterapéutico es muy efectivo en este sentido. Pero además, hay otras rutinas y acciones que podemos incorporar a nuestro día a día para lograrlo, y las que tienen que ver con la correcta expresión de las emociones resultan de especial interés.
Se ha demostrado que poner palabras a aquello que sentimos nos facilita mucho mantener un adecuado equilibrio emocional. Por ejemplo, escribir sobre aquello que nos preocupa o que nos genera estrés ha demostrado ayudar a las personas que sufren estrés postraumático, con efectos que duran incluso varios meses más tarde de haberlo hecho por última vez. Este fenómeno se basa en lo que se conoce como etiquetado emocional, y nos ayuda a mejorar nuestra relación con las emociones a través del autoconocimiento y de la habituación a aquellos sentimientos y afectos intensos que en otras situaciones nos obsesionarían precisamente por no saber concretarlos o comprenderlos. Por ello, el etiquetado emocional es uno de los recursos más utilizados en terapia psicológica.
- https://psicologiaymente.com/clinica/importancia-expresar-emociones-no-enfermar?fbclid=IwAR3EXtZylTVDlobHuynsjbvP671jKPpzwNIIYO3EHGEw9lj3dHtXoXa6Jrc
Taller vivencial «Amarme con los ojos abiertos»: Técnicas para sanar mi autoestima
¿Por qué sentimos culpa?
Es abrumadora la cantidad de personas que acuden a consulta con un gran sentimiento de culpa, del que, a veces, ni siquiera son conscientes.
Esta es una emoción autogenerada, en base a las creencias internas que tenemos acerca de lo que está bien y lo que está mal, comparando lo que hemos hecho con lo que deberíamos haber hecho según nuestra escala de valores. Pero, ¿de dónde nace todo esto?
Causas del hecho de sentirnos culpables por todo
Partimos de la base de que todas las emociones son adaptativas y cumplen una función dentro de nosotros/as. Cuando la culpa es funcional, nos ayuda a reconocer nuestros errores y a repararlos, y a realizar un trabajo de aprendizaje, pudiendo no volver a cometerlos en un futuro.
Para que este proceso funcione, existe lo que se denomina la conciencia moral: es un conjunto de normas y valores que hemos ido asumiendo e interiorizando desde que éramos niños/as, para poder tener una ética que nos guíe, diferenciando lo que está bien de lo que está mal, para poder interponer unos límites en nuestra conducta y nuestra forma de pensar, y en las de los demás.
Vamos aprendiendo todo esto a través de la educación en la familia, en la escuela, en las creencias religiosas, en los mensajes que nos llegan a través de los medios de comunicación… y las personas que nos rodean, se convierten en modelos para nosotros/as.
Pero, ¿Cómo sabemos si esta conciencia moral es demasiado rígida y nos está perjudicando? Cuando sentimos a menudo que sobrepasamos estos límites y convivimos casi a diario con la culpa, es posible que debamos flexibilizar nuestra conciencia moral.
El problema es que, en este juicio, nosotros/as mismos/as somos abogados/as, jueces/zas y acusados/as; y en estas circunstancias, difícilmente podemos asegurar unas condiciones que garanticen la objetividad del “dictamen de culpabilidad”, por lo que, nos castigamos sin control y sin medida.
Así, esta culpa necesita de tres factores principales para tener lugar:
- El acto causal, ya sea real o imaginario.
- La percepción y la autovaloración negativa de este acto que, es importante señalar que tan sólo son ideas, y no tienen por qué ser reales.
- La emoción negativa que aparece tras los dos anteriores, en relación a la culpa: el remordimiento. Éste es el que funciona como castigo, en forma de tristeza, angustia, frustración, impotencia, entre otros, y de pensamientos reiterativos e improductivos.
El sentimiento de culpa habitual o permanente puede estar afectando a nuestra autoestima, ya que, tendemos a distorsionar la realidad, a tener un autodiálogo limitante y desgastante, y a construir un autoconcepto negativo.
Al hablar de la culpa, estamos muy cerca de conceptos como la autoestima, el perfeccionismo, la falta de autoconfianza, la autocensura, el miedo, la asertividad, la regulación emocional… Así, la culpa está directamente relacionada con la mayoría de los problemas emocionales más habituales en nuestra sociedad, siendo difícil, en muchas ocasiones, la identificación de la causa o la consecuencia entre ellas, ya que se establece un círculo vicioso en la relación entre ambas.

¿Cómo podemos dejar de sentirnos tan culpables por todo?
Por supuesto, entran en juego muchas otras creencias sobre las que hay que trabajar, pero la clave está en diferenciar la responsabilidad de la culpa.
Si nos responsabilizamos de nuestras acciones y aceptamos nuestras limitaciones y todo lo que no tenemos bajo nuestro control, podremos ir adaptándonos en base al aprendizaje de nuestra experiencia, y cambiando lo que es mejor para nosotros/as y los/as demás:
- La culpa habla de nosotros/as como persona global; es un juicio determinante e inamovible, por lo que nos bloquea, no dejándonos opción al cambio.
- La responsabilidad nos facilita concretar y hacernos cargo de algo determinado, permitiéndonos cambiar o modificar lo que necesitemos o creamos conveniente.
En conclusión, la culpa depende de una parte de nosotros/as sobre la que podemos trabajar y actuar; podemos aprender estrategias para liberarnos de la culpa desadaptativa, permitiéndonos ser personas responsables.
Esto es algo que muchas personas vienen solicitando en terapia, por lo que, si necesitas ayuda o tienes cualquier consulta con respecto a este tema y/o cualquier otro, no dudes en contactar con nosotros/as, ya que estaremos encantados/as de poder ayudarte.
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¿Cómo se ve una persona que trabaja la Inteligencia Emocional?
Para comunicarte de manera emocionalmente inteligente necesitas conectar con quien tienes en frente. Escuchar de manera activa sin juzgar es siempre el primer paso, ese en el que suele fallar mucha gente.
¿Cómo se comunica una persona hábil en inteligencia emocional? ¿Es paciente, asertiva y empática? Lo cierto es que esta competencia de vida va mucho más allá. Es una herramienta de supervivencia, de saber reaccionar ante los imprevistos, es por encima de todo el arte de conectar desde las emociones sabiéndolas poner siempre a nuestro favor para mejorar la convivencia.
Por otro lado, si bien es cierto que todos nosotros vinculamos el concepto de inteligencia emocional a Daniel Goleman, la realidad es que fue otra célebre figura quien introdujo, acuñó y desarrolló este concepto: Peter Salovey, psicólogo de la Universidad de Yale. Así, algo que quiso dejar claro desde el inicio es que esta dimensión debía ser un complemento a la propia inteligencia.
No importa cuánto sepas, importa cómo lo transmites. Tampoco tiene relevancia quién seas o qué posición ocupes si no sabes llegar a acuerdos y comprender a quien tienes delante. Todo hombre y mujer emocionalmente inteligente, señalaba Salovey, es capaz de relacionarse consigo mismo y con los demás para dar forma a una vida más plena y satisfactoria.
Conozcamos por tanto cuáles son esas habilidades en materia de comunicación.

Estrategias que usa una persona hábil en inteligencia emocional
Una persona hábil en inteligencia emocional no nace, se hace a sí misma desarrollando nuevas estrategias. Se necesita por tanto de voluntad, compromiso y conocimiento de las habilidades que deben aplicarse. Decimos esto por algo muy simple.
En los últimos años, abundan los cursos para aprender esta competencia -sin que tengan todos, al menos, una calidad aceptable-. Sin embargo, un diploma no habilita a nadie. No si sabe lo que es la empatía, pero a la hora de comunicarse es incapaz de escuchar y comprender a quien tiene en frente. Se necesita por tanto, un compromiso real hacia el cambio.
Es más, trabajos, como el realizado en la Universidad de Baréin en el 2018, destacan la necesidad de que todo líder en una organización sea hábil en materia de inteligencia emocional. Así, un modo de empezar es aprendiendo una serie de herramientas en el área comunicativa.
Autorregular emociones: la calma nos ayuda a expresarnos mejor
Seguro que lo habrás notado alguna vez. Cuando en tu interior habita la rabia, la frustración o el enfado tu comunicación se vuelve agresiva. Dices cosas de las que te arrepientes. E incluso te es imposible expresar con claridad aquello que deseas s decir. En esencia, todo estado emocional intenso e incontrolado dificulta el acto comunicativo.
El primer paso será siempre regular el estado emocional: una mente en calma se expresa mejor.
Motivación por comunicar de manera positiva
La persona hábil en inteligencia emocional no solo está motivada para comunicar: siente el impulso de hacerlo de manera positiva. ¿Qué significa esto? Implica que su voluntad es la de entender, llegar a acuerdos, no imponer en exclusiva su opinión, sino también, tener en cuenta la del otro.
Comunicar de manera positiva exige además, saber controlar la comunicación no verbal: gestos, sonrisa amable, pero no forzada, tono de voz… Todo debe estar orientado hacia la calidez y la conexión.
Empatía sin contagio emocional para poder comunicar mejor
La persona con una buena inteligencia emocional sabe gestionar la información que le llega gracias a su capacidad de empatía. Esa capacidad para percibir, entender y conectar con los afectos y realidades ajenas es la piedra angular para una buena comunicación. Es una gran ventaja cuando empleamos la empatía para completar nuestro conocimiento de lo que está ocurriendo y somos capaces de articulas una respuesta sin que las emocione nos inunden.
Necesitamos de esa empatía con la que comprender la realidad emocional del otro, pero sin quedar contagiados por esas emociones. Pongamos por caso que estamos hablando con un compañero de trabajo muy enfadado. De nada nos va a servir estar a su mismo nivel y estado anímico. Para poder argumentar, reaccionar y llegar de manera adecuada al otro necesitamos mantener la calma y equilibrio.

La escucha activa: el don de la persona hábil en inteligencia emocional
Escuchar para comprender y no solo para responder. Parece fácil; sin embargo, este suele ser el mayor problema en los procesos comunicativos: no nos escuchamos. Si deseamos convertirnos en una persona hábil en inteligencia emocional es prioritario que aprendamos a aplicar una adecuada escucha activa.
Esta estrategia fue definida por el psicólogo Carl Rogers e implica integrar las siguientes dimensiones:
- Escuchar con atención.
- Ser capaces de atender lo que dice el otro sin presuponer, sin dar nada por sentado.
- Estar abiertos a comprender lo que nos dicen.
- Escuchar de manera activa es abrirse al otro y no estar pendiente de qué vamos a decir o si nos están llevando o no la contraria.
Conectores emocionales en la comunicación
A menudo, pasamos por alto el valor de los conectores emocionales en el proceso comunicativo. Nos referimos a pequeños gestos con los que hacerle ver (y sentir) al otro que lo entendemos, que conectamos con él o ella, que validamos su presencia, palabras y emociones. Ahora bien, ¿de qué manera se aplican este tipo de recursos?
Estos son unos ejemplos:
- Repite parte del mensaje que ha dicho la otra persona para demostrarle que la has escuchado/entendido -> “entiendo que las cosas están más complicadas en tu departamento (…)”.
- Introduce palabras que sirvan para validar el diálogo a quien tienes en frente: te entiendo, es cierto, por supuesto, claro, bien, estoy de acuerdo…
Para concluir, convertirnos en personas hábiles en inteligencia emocional y en el arte de la comunicación eficaz requiere tiempo y esfuerzo. No es fácil tener control absoluto sobre nuestras emociones para poder hablar de manera asertiva. Sin embargo, no hay nada como la práctica y la voluntad. Todos tenemos la capacidad de mejorar y desarrollar estas herramientas de vida.
“No olvidemos que las pequeñas emociones son los grandes capitanes de nuestras vidas y las obedecemos sin darnos cuenta”.
-Vincent Van Gogh-